¿Cómo va el puente? Me imagino que algunos estarán por ahí fuera disfrutando de los únicos días de fiesta que hemos tenido en este cuatrimestre; y otros, como yo, se habrán quedado a cuidar el pueblo. Y hablando de pueblos, el otro día meditando obtuve el tema de mi nueva entrada, he decidido que otro de mis metas antes de mis veintidos será volver al pueblo de mi madre.
Se trata del pueblo donde me he criado, donde he pasado gran parte de mi infancia y del que guardo muy buen recuerdo. Allí aprendí a montar en bici en un sólo día con mi abuelo. Lo que ocurre es que hace ya bastantes años, para ser exactos ocho, dejé de ir. El motivo, lo normal, aquel pequeño pueblo me empezó a aburrir, y prefería pasar la semana santa en Barakaldo que encerrada en casa y viendo procesiones.
Realmente cuando estamos en esa edad tan insoportable de los trece años no sabemos valorar nada, y luego cuando a los veinte te das cuenta de lo que te has perdido siendo cría; y así según pasan los años. Pues esto mismo me ha pasado a mí, que hasta ahora no me he dado cuenta de la importancia de todo aquello y de que no debería haber dejado de ir durante tanto tiempo.
Ya sé que en cualquier momento podría coger unos buses y en unas siete horas estar allí plantada; pero por naturaleza soy un poco vaga y, al final, das tanta valor a otras, que dejas de lado lo más importante.
Por eso este año he decidido intentar volver a mi pueblo, y digo intentar porque no sé si llegaré a aparecer por allí. Pero que si no voy esta Semana Santa, voy a la siguiente. Como siempre, os empujo a no dejar atrás lo que más valorabais porque, quizás, cuando vayáis a buscarlo ya esté completamente perdido.
A por cierto, mi pueblo, es decir, el de mi madre, está en Cáceres, se llama Casas de Belvis y es muy, pero que muy, bonito. Aquí os dejo una foto de la iglesia del pueblo.

*imagen obtenida de Google

No hay comentarios:
Publicar un comentario