lunes, 28 de diciembre de 2009

Séptima: repetimos

¡Hello!

¿Qué tal van las fiestas? ¿Os ha traído muchas cosas el Olentzero u os habéis portado mal? Yo la verdad es que he tenido dos regalitos, porque los demás me caen en Reyes. Pero bueno, volvamos al tema blog, que esta semana se me ha olvidado actualizarlo con tanta fiesta de por medio. Hoy os voy a hablar de una cosa que me gustaría repetir, pero esta vez bien, no como la anterior. Mi séptima meta es ir a un concierto de AC/DC. Ya sé que he hablado ya de conciertos y demás, pero es que como éste no hay ninguno.

Todavía recuerdo la primera vez que oí una canción suya, Stiff Upper Lip para ser más exactos. Resulta que le regalé un disco suyo a mi padre y él lo puso en casa para que lo escuchara porque yo nunca los había oído. Al principio, cuando empezó a sonar, puse una cara de cómo a mi padre puede gustarle esto y después vi que no estaba tan mal; desde entonces me han gustado.

Me imagino que ya sabréis que vinieron éste año de gira por aquí, y que muchos nos quedamos sin entradas. Después de guardar cola desde las 4 de la mañana sólo se vendieron 100 entradas en la FNAC y 6 en el Corte Inglés de Bilbao, algo deprimente puesto que siendo celebrado aquí la mayoría de las entradas fueron a parar a Barcelona o Madrid. Total, que muchos nos quedamos sólo con las ganas.

En este plan, el día del concierto decidí acercarme a coger una camiseta, por lo menos algo me llevaba. Me fui al BEC y le pregunté al tipo de la puerta a ver si me dejaba entrar a coger una camiseta, él me contestó que en cuanto saliese alguien podría entrar; a los dos minutos vi que una pareja salía y cuatro chicos estaban entrando, volví a preguntar y me dejó pasar. Desde el pasillo se oían los gritos de la gente y la guitarra de Angus Young tocando Let there be rock, ya estaba emocionadísima cuando para mi sorpresa esos cuatro chicos se meten al concierto sin ninguna traba, así que yo les sigo, y me doy cuenta de que estoy dentro, de que esa es quizás la última canción así que salgo corriendo hacia las gradas para verles. Al final pude escuchar dos canciones más de ellos entre katxis de cerveza y kalimotxo, pero les vi. ¡Les vi!

Por eso digo que esta vez quiero verles bien, quiero guardar cola para conseguir mi entrada, e ir horas antes y guardar más cola, quiero ver un concierto suyo de principio a fin y salir empapada de allí de los saltos que habré dado alzando mi mano con los cuernos.

Sé que vuelven de gira por Europa en 2010, pero no visitarán España, lo más cercano será Francia y me estoy pensando ir; porque quién sabe si podré volver a verles alguna otra vez, si harán más giras. Además, que éste es uno de los conciertos que merece la pena ver, son de los que no se olvidan.



*imagen obtenida de Google

domingo, 20 de diciembre de 2009

Sexta: deseos de la infancia

¡Hola!

¡Ya estamos de vacaciones! No sabéis las ganas que tenía ya, como todos me imagino. Me encantan estas fechas, llega la Navidad, las cabalgatas, los regalos y nos reunimos todos en casa. Pero bueno, que me desvío del tema y mi entrada no va ir sobre la Navidad, hoy os voy a hablar de tres cosas que siempre dije que haría cuando cumpliese los dieciocho años, y de las cuales aún me queda una por cumplir.

Cuando era pequeña siempre tuve claro que al cumplir dieciocho primero quería ir a la universidad; segundo, me sacaría el carné de conducir; y tercero, me haría rastas en toda la cabeza. Obviamente he conseguido ir a la universidad, y también llevo un año de carné, aunque no conduzca todo lo que debería; pero lo que no me he hecho todavía son las rastas.

Siempre me ha gustado hacerme cosas en el pelo, bueno no siempre que la primera vez que me hice mechas lloré como una descosida por mi pelo, claro que entonces tenía 11 años. A lo que íbamos, lo he llevado muy corto, largo, de color rosa, azul, naranja, rojo, me he hecho trenzas con extensiones por toda la cabeza en dos ocasiones, y ahora lo llevo verde, un color del que no me he cansado; pero nunca me he hecho lo que más me gusta, las rastas. Entre otras cosas porque era algo que mi madre no me dejaba hacerme, y claro, decidí que el día que cumpliese dieciocho y estuviese fuera del radar de mi madre me las haría, pero no lo hice.

Ya sé que me las habría tenido que cuidar mucho, y aunque me hubiese tenido que rapar me las habría hecho igualmente. Pero ahora ya no estoy tan segura como antes, me daría pena estropearme tanto el pelo. Por eso, he pensado hacerme una o dos en lugar de toda mi cabeza; aunque quién sabe, igual dentro de un año me da por hacérmelas. Hasta entonces, espero que pueda cumplirlo, que no es muy difícil.

¡Feliz Navidad!



*imagen obtenida de Google

jueves, 10 de diciembre de 2009

Quinta: viajes y más viajes

¡Muy buenas!

La mini-semana ya está a punto de terminar, y eso significa que ya sólo me queda un día para irme a tierras londinenses. Como algunos ya sabéis este fin de semana me voy de viaje a Londres, ya que mis vacaciones fueron algo cortas este verano, se redujeron a una sola semana. Y ya que hablamos de viajes me gustaría hablaros de otra de mis propuestas para antes de los 22, viajar en interrail.

Siempre que he viajado lo he hecho en autobús, coche o avión; sólo una vez he viajado en tren, a Valencia, y me pareció muy cómodo. No tienes que ir dos horas antes, ni es tan incómodo como un autobús, ni me mareo, una cosa muy importante. Por eso me gusta tanto ese medio de transporte.

Y si además ya juntas viajar, tren y Europa, sale una mezcla perfecta. Me parece una opción que no está nada mal para conocer un poquillo más el continente, te da la posibilidad de hacer el recorrido a tu gusto, tienes tiempo para ver todo lo que quieras y no es tan caro si lo piensas bien. Eso sí, antes de meterte en este berenjenal tienes que tenerlo todo muy bien preparado, porque si vas a lo loco no creo que salga muy allá.

El mayor problema que veo, para mi, es el equipaje, tiendo a llevar demasiadas cosas. Aunque bueno, en este caso, intentaría llevar lo menos posible y todo en una mochila, lo prometo. Además me gustaría probar eso de ir de mochilera, que todavía no lo he hecho. Cierto es que cuando fui a Croacia quería haberlo intentado, pero no creo que hubiese sido capaz de meter todas las cosas que llevaba en una mochila.

Bueno, espero que penséis en esta opción para los vuestros viajes futuros. Y, si alguien ya lo ha probado, que me cuente a ver qué tal le ha ido, que a mi me quedan por lo menos dos años para probarlo. De momento me conformo con una escapada de vez en cuando.



*imagen obtenida de Google

domingo, 6 de diciembre de 2009

Cuarta: de vuelta

¡Buenas tardes!

¿Cómo va el puente? Me imagino que algunos estarán por ahí fuera disfrutando de los únicos días de fiesta que hemos tenido en este cuatrimestre; y otros, como yo, se habrán quedado a cuidar el pueblo. Y hablando de pueblos, el otro día meditando obtuve el tema de mi nueva entrada, he decidido que otro de mis metas antes de mis veintidos será volver al pueblo de mi madre.

Se trata del pueblo donde me he criado, donde he pasado gran parte de mi infancia y del que guardo muy buen recuerdo. Allí aprendí a montar en bici en un sólo día con mi abuelo. Lo que ocurre es que hace ya bastantes años, para ser exactos ocho, dejé de ir. El motivo, lo normal, aquel pequeño pueblo me empezó a aburrir, y prefería pasar la semana santa en Barakaldo que encerrada en casa y viendo procesiones.

Realmente cuando estamos en esa edad tan insoportable de los trece años no sabemos valorar nada, y luego cuando a los veinte te das cuenta de lo que te has perdido siendo cría; y así según pasan los años. Pues esto mismo me ha pasado a mí, que hasta ahora no me he dado cuenta de la importancia de todo aquello y de que no debería haber dejado de ir durante tanto tiempo.

Ya sé que en cualquier momento podría coger unos buses y en unas siete horas estar allí plantada; pero por naturaleza soy un poco vaga y, al final, das tanta valor a otras, que dejas de lado lo más importante.

Por eso este año he decidido intentar volver a mi pueblo, y digo intentar porque no sé si llegaré a aparecer por allí. Pero que si no voy esta Semana Santa, voy a la siguiente. Como siempre, os empujo a no dejar atrás lo que más valorabais porque, quizás, cuando vayáis a buscarlo ya esté completamente perdido.

A por cierto, mi pueblo, es decir, el de mi madre, está en Cáceres, se llama Casas de Belvis y es muy, pero que muy, bonito. Aquí os dejo una foto de la iglesia del pueblo.



*imagen obtenida de Google